sábado, 29 de diciembre de 2012

La 'noche más vieja' ya era sagrada

Katrin Pereda
        

        Junto a las proclamas navideñas más habituales, como ¡feliz Navidad!, ¡eguberri on!, ¡dale recuerdos a tu familia! o ¡pasar una buena noche!, se incluye una pregunta casi oficial los días previos a la Nochevieja. “¿De qué te vas a disfrazar?”. Mientras la respuesta persigue a algunas cuadrillas durante un mes antes y es objeto de las más disparatadas ideas en tertulias sin fin, otros; la misma mañana, con la ayuda de un comercio chino, se engalanan con pelucas, disfraces de pollo o de vaca, y marchan, pasada la medianoche, directos a la jarana.


Juan Antonio Urbeltz, estudioso de la
cultura vasca
            Pero, a la pregunta de cómo se originó este peculiar carnaval en Iruña, las respuestas transcurren en un encongimiento de hombros, achacar la autoría a la cuadrilla de tu padre o tirar de memoria: “En mis tiempos ya se hacía”. Juan Antonio Urbeltz, estudioso de la cultura vasca, afirma que este ritual de comienzo desconocido entra dentro de un ciclo carnavalesco: las doce noches santas. Comienza el día 25 de diciembre y finaliza el 6 de enero. Antiguamente, “marcaban el comienzo del carnaval y la aparición de las primeras máscaras. Durante esos días, los jóvenes preparaban el carnaval”, explica Urbeltz. Este hecho está íntimamente ligado con el clima ya que, “el tiempo que hiciera en esas doce noches santas marcaba la climatología que haría el resto del año”, concreta. Así, los campesinos de muchas partes de Europa observaban el tiempo de forma que “si el 25 de diciembre llovía, enero sería lluvioso; si el 26 hacía sol; febrero sería un mes con mucho sol, si el 27 seguía el buen tiempo, marzo sería soleado…así hasta llegar al 6 de enero”, subraya.

            Respecto al origen histórico, Urbeltz sostiene que es imposible señalarlo; si bien las tradiciones carnavalescas se deben situar en el Neolítico, cuando “el cambio en el modo de vida hacia el pastoreo y la agricultura, propició rituales que conjuraran la inseguridad que pudiera traer el porvenir  como sequías, inundaciones, heladas, plagas de insectos, etc”.

Una máscara actual
No somos los únicos 

         Como explica Urbeltz, los ritos de las doce noches santas han estado muy vivos en Europa central: Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría o Alemania y las máscaras más corrientes han sido de caballo, ciervo, cabra y zorro. Aunque también han existido otras formas carnavalescas en Babilonia (festival del Akitu o Año Nuevo), Grecia (antesterias) y Roma (saturnales). Así, las máscaras que se utilizaban en la antigüedad, eran “pieles de animales, disfraces de deidades terroríficas como Basajaun o ‘hombre salvaje’, seres con máscaras aterradoras, diábolicas, desdentadas con cuernos y cuerpos deformes rellenos de paja, etc”, explica. Respecto a los ritos, los hombres se disfrazaban de mujeres y vicerversa y, durante unos días, los señores servían a los criados.

Las máscaras de cabra eran muy corrientes
            Un elemento carnavalesco muy extendido es el cencerro. “También lo encontramos en la isla de Cerdeña, en las islas griegas, en los Balcanes, en Bulgaria, Grecia, Rumanía o Eslovenia”, subraya Urbeltz. Ello responde a “viejas tradiciones pastoriles que buscaban conjurar mosquitos y tábanos antes de que los trajera la primavera”, afirma.



Gran desconocimiento 


En la antiguedad también se utilizaban
máscaras
           Sin embargo, este antiguo rito pasa totalmente desapercibido entre la población. Urbeltz señala varias causas: “La expansión de las culturas urbanas, junto al éxodo campesino hacia las ciudades, han laminado severamente las tradiciones campesinas”. De ahí que, “muchos pequeños pueblos mantienen vivas sus tradiciones porque en ello les va su identidad, su ‘estar en el mundo’”, concreta.

            Por otro lado, la vieja Iruña, siglos atrás, debió de tener dos formas carnavalescas. Una popular, “con figuras de enmascarados” y otra más privada, “celebrada en salones y casinos con las clases media-alta (comerciantes, profesiones liberales, burocracias administrativas)”, subraya.

            Hoy, a falta de dos días para la llegada de la ‘noche más vieja’, el ciclo de las doce noches habría comenzado ya. Los campesinos, cada día, mirarían al cielo y esperarían qué les depara el día y, por consiguiente, el año. Tampoco ha cambiado tanto. En la ‘noche más vieja’, más allá de los disfraces, se espera que la tormenta amaine. Que haya donde trabajar. Que, de nuevo, salga el sol.

           


           

viernes, 28 de diciembre de 2012

Días navideños para los demás

Edurne Navarro / Fotos: Luis Carmona



Cartel de la tienda de medicusmundi (c/Arrieta 25)
            Si algo caracteriza la tienda de comercio justo de medicusmundi (Arrieta, 25) es que todo el “personal” que trabaja esos días en ella es voluntario. Con edades, situaciones profesionales y personales de lo más dispares, pero unidos por la voluntad de aportar “su granito de arena”. Algunos toman parte desde el “montaje” del establecimiento, otros acuden a la oficina de la sede de la ONGD en Burlada para etiquetar productos, si bien la mayoría intenta estar presente para atender a los clientes durante el mes que la tienda permanece abierta. En total, alrededor de una treintena de personas que se reparte en turnos de mañana y tarde cada Navidad. Como en muchos otros ámbitos, el boca a boca y las relaciones familiares y de amistad fueron el origen de su dedicación a este comercio.

            “Tenía una cuñada trabajando en medicusmundi hace años y a raíz de ella comencé a colaborar y como a Joaquín (Laborda, encargado de logística de la ONGD y en especial de la tienda de Navidad) también le conocía, me metí en la tienda. He visto la labor que hace medicusmundi y me gustó cómo funcionaban desde el principio”, justifica Esther Lanz, ama de casa, residente en Zizur Mayor. Comprometida con la causa cada Navidad, desde la llegada de las primeras partidas de artesanía, en mayo, iba a Burlada para labores de “etiquetado” y de administración. “Siempre he estado para la tienda, para montar y desmontar, para estar por las mañanas y echar una mano a Joaquín Laborda en cuanto conseguíamos un local. A partir de entonces, tocaba el montaje de mesas, caballetes, expositores, mostradores, colocar los carteles y preparar zonas de información”, enumera Esther.

            También Carlos García, vecino de Villava y con tres años de colaboración en la tienda, se enteró de esta posibilidad a través de un amigo. “Empecé a través de una persona que colabora aquí, Álvaro. En ese momento me encontraba en una situación personal en la que no estaba muy centrado, tenía tiempo libre y Álvaro me comentó la posibilidad de venir aquí y echar una mano, me pareció una buena idea”, recuerda Carlos.


            Un anuncio en el periódico en el que se invitaba a colaborar como voluntario en medicusmundi fue el empujón que Arantza Campo aprovechó para introducirse en el mundo del voluntariado. “Empecé por probar y estoy encantada, el ambiente es muy bueno”, confirma ahora, tras cinco años colaborando con la entidad. Con estudios de Derecho y trabajando como administrativa en el Ayuntamiento de Pamplona, en un principio daba “apoyo legislativo” a la ONGD, pero sobre todo, su apoyo se volcó en la tienda, “al principio iba bastantes tardes, tres o cuatro días a la semana, ahora intento un par de días”, explica Arantza, mientras acude a atender a una de las clientas.


Imagen de la tienda, donde varios voluntarios 'trabajan'
durante estas fechas
            La relación de Alicia Martinicorena es algo más curiosa. En 1969 se marchó con su marido, ambos profesores, a dar clases a Ruanda, ella, en concreto, en la primera escuela de magisterio femenino. Vivían a unos 30 kilómetros de Nemba, cuna de la cooperación al desarrollo de medicusmundi Navarra, que nacía en 1972 con el propósito de construir un hospital allí. “En Nemba había un grupo de misioneros navarros, íbamos mucho a esa parroquia, y entre otras cosas, estuvimos eligiendo el lugar para construir el hospital. Estuvimos cuatro años, allí nació nuestro primer hijo. Nos cambió mucho la vida esa estancia en Ruanda”, rememora Alicia. En la actualidad, resalta, “nuestros hijos también se han contagiado de la cooperación”, ya que una de sus hijas trabaja en Educación para el Desarrollo en medicusmundi Navarra y ella misma está en la junta de la Coordinadora de ONGD en Educación para el Desarrollo, en Manos Unidas y en Nakupenda África. Así, cuando quiere dar una cifra aproximada del tiempo que lleva en medicusmundi, lo aclara: “Llevo unos siete años de voluntariado, en relación con medicus, más de 30. En la tienda entré cuando empecé a sentirme un poco más liberada del trabajo”, explica Alicia, profesora de Secundaria hasta hace dos años.

            “Los motivos y las edades (de los voluntarios) son diversos, pero veo que es gente que el tiempo libre que tiene prefiere dedicarlo a los demás”, resume Carlos

jueves, 27 de diciembre de 2012

Justa Navidad

Edurne Navarro / Fotos: Luis Carmona

La tienda de medicusmundi (c/Arrieta 25) ofrece la posibilidad de comprar regalos que posibiliten un comercio justo
     

           La Navidad trae consigo una especial carga emotiva. Son días indisolublemente unidos a la estancia en familia, pero también, bajo un sistema económico que incita al consumismo, a cierta ansia de regalos, caprichos y menús festivos. Una dulzona neblina que parece abarcarlo todo. Sin embargo, entre esta vorágine festiva, hay situaciones que, aun a pequeña escala, intentan revertirlo.

            Una sencilla tienda de comercio justo, como la que medicusmundi abre cada Navidad desde hace casi cuatro décadas, se podría considerar un ejemplo. Un local en el centro de Pamplona (c/Arrieta 25) que, a primera vista, también se presenta impregnado del ambiente festivo invernal, pero que, en su interior, el discurso que ofrece es otro.

            Implica venta y recaudación. Ese objetivo no se oculta. Pero la vía es muy distinta a la producción en serie de beneficio empresarial. Bajo el compromiso de una apuesta por el comercio justo y un destino que supera fronteras, acomodar los estantes repletos de chocolate, plata y belenes va más allá del propósito de satisfacer la urgencia del regalo perfecto. “Estar aquí te hace pensar que las Navidades no son solo consumo y reunirse en familia, que hay otra mucha gente que no puede hacerlo, ni el resto del año. A mí me ayuda a tener esa realidad más presente”, reflexiona Alicia Martinicorena, voluntaria en la tienda desde hace siete años, pero relacionada con medicusmundi Navarra desde hace más de 30, “desde sus inicios”.

Una mujer observa los productos colocados en las estanterías
            A principios de los 70, con un imaginario social pamplonés en el que la cooperación al desarrollo se relacionaba más con una vocación misionera, medicusmundi Navarra, a pesar de centrar su actividad en el incipiente hospital de Nemba (Ruanda), quiso acercar el entonces denominado Tercer Mundo a Pamplona. Empezó como una exposición-venta de artesanía, primero en una sala de la extinta Caja de Ahorros de Navarra y más adelante en la propia sede de la entidad, con el mismo doble objetivo al que aspira en la actualidad, información y recaudación.

            Su difusión ha cambiado desde entonces. De escuetas notas en 1975 en Diario de Navarra que anunciaba como “Hoy se abre una exposición de artesanía del Tercer Mundo en la Sala de Cultura de la Caja de Ahorros de Navarra” a cuñas radiofónicas, boletines electrónicos y sms. El contenido, no tanto. “¿Crees que sería aceptable que fueras al centro de salud y te encontraras con unos jóvenes estudiantes voluntarios norteamericanos que te atendieran, en lugar de unos profesionales? Evidentemente no. Entonces ¿por qué en Ruanda o en Bolivia vamos a ofertar unos servicios de salud amateur? Una cosa es el contexto de pobreza y falta de recursos y otra que los servicios no sean profesionales; esto no quita para que la motivación por la cual nos embarcamos en estos proyectos sea de carácter altruista y no lo podemos perder de vista”, exponía Miguel Ángel Argal, fundador de medicusmundi Navarra.


Los productos

            La artesanía, arte que marcó el inicio de la trayectoria de la tienda, sigue presente en las estanterías, aunque cedió su protagonismo hace años a la alimentación, la joyería o los belenes. “Lo que más se vende en cantidad, son los alimentos, pero también vienen buscando mucho la plata de Perú y los belenes o cosas para los niños”, enumera Esther Lanz, voluntaria desde hace más de dos décadas. 

Algunas figuras y flechas que se encuentran en la tienda
            Las mascaras y esculturas de ébano o madera, originales de Ruanda, Mali o Indonesia fueron muy cotizadas hace años, “las hay muy antiguas, algunas fueron usadas en rituales, si te la acercas, huele a humo y a humedad”, describe Esther al recordar como un joven llegaba a gastar 300.000 de las antiguas pesetas (1.803,04 euros) en mascaras cada año.  Aún hoy, lo más “llamativo” son las esculturas. “Hace dos años vendimos una de las más grandes, pero había niños en esa casa y les asustaba. La tuvieron que devolver”, cuenta Esther, rememorando una de las muchas anécdotas que ha vivido en la tienda.

            El interior de la tienda invita al paladar y a la vista, con los vivos colores que anuncian  panela (azúcar de caña) de Ecuador, miel de Valdivia chilena, cacao de Bolivia o té de Sri Lanka en alimentación. Hay cremas, jabones y aceites de Rosa Mosqueta y Argan procedentes de Burkina Faso, Marruecos o Kenia; joyería de plata traída desde Perú y Brasil y elementos de artesanía como esculturas, máscaras y figuras de ébano y madera de Eucalipto de Mali o Indonesia.

Imagen del interior de la tienda de medicusmundi (c/Arrieta, 25)
            Productos históricamente arrancados de campos y minas africanos, latinoamericanos y asiáticos y vendidos a precio de saldo en supermercados occidentales que en esta tienda se etiquetan con un precio justo. “Me parecía interesante trabajar en el ámbito del comercio justo con medicusmundi, ya que una de las causas de la pobreza en el Sur son las leyes comerciales que están funcionando, porque son muy injustas. Para mí el fin de la tienda es dar a conocer el comercio justo, no tanto recaudar, sino sensibilizar”, explica Alicia. Los principios del comercio justo se basan en unas “condiciones laborales y salarios adecuados para los productores del Sur”, en una lucha “contra la explotación laboral infantil” y en el logro de la equidad salarial entre hombres y mujeres, además de un respeto medioambiental. Tal y como cita la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, “su objetivo es mejorar el acceso al mercado de los productores más desfavorecidos”.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

No tuvimos mula y buey, pero sí muchas figuras


Katrin Pereda / Fotos: Luis Carmona

Un momento del montaje del belén de la Taconera. La colocación de la mula y el buey suscitó varios comentarios entre el público.


Nos adelantamos. En el libro ‘La infancia de Jesús’ el Papa Benedicto XVI anuncia que en el portal no había animales, vaya, ni mula ni buey. El primer belén de la Taconera, que este año cumple diecinueve años, tampoco los tuvo. Ni pajes. Según recogen las crónicas navarras de 1993 y los testimonios de sus protagonistas, el belén fue un éxito. El mayor nacimiento de Navarra se convirtió en una tradición. Tanto, que este año el 010 recibió varias llamadas preguntando por la fecha del montaje, de la puesta en escena. Pero, ¿qué hay detrás de esa ‘representación’ tan esperada?

Dos trabajadores sujetan al rey Melchor
Mari Ganuza, presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona, acudió hace veinte años a Valencia junto a un amigo. “Vimos una gran cantidad de personas guardando cola, nos picó la curiosidad, y nos pusimos nosotros también. Resultó que eran los tres reyes magos a tamaño natural junto a un nacimiento colocados en la plaza del Ayuntamiento”, recuerda. Sin perder el tiempo, Ganuza comentó a Valentín Redín, por aquel entonces encargado de protocolo del Consistorio, la idea. En octubre del siguiente año se puso en marcha. Y Valencia volvió a cobrar protagonismo. “Hablé con el fallero (ahora jubilado) Vicente Tornador Pascual y le preguntamos qué podía hacer”, relata Ganuza. La respuesta se materializó en 31 figuras de cartón. El fallero, con sentido común, preguntó por la lluvia en Pamplona. Sí, llueve. Casualidades de la vida, ese año los fosos se inundaron y “la mitad de las piezas se estropearon”, indica Ganuza. 


Clavando la figura en el suelo
            Un año después, en 1994, todo se planificó con más tiempo. Se sustituyó el cartón por el poliéster (en caso de inundación no se dañaban tanto) y se incrementó el número de figuras hasta llegar a las 52. Una vez más, Tornador y su hijo, Vicente, fueron los encargados de moldear los personajes. Así, se incorporaron la mula, el buey, los pajes, doce ovejas, tres palmeras y al menos 20 figuras más. El montaje, por aquel entonces, corría a cargo de miembros de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona y el belén daba la vuelta a todo el foso de la Taconera. “Éramos un grupo de diez a catorce personas y todos los años intentábamos hacerlo diferente, cambiábamos el portal, añadíamos nuevos elementos”, destaca. De esta forma, un año innovaron con un portal en forma de caserío con tejas derruidas y madera vieja de roble.

Paquita, una cierva muy juguetona

La figura de un pescador
La convivencia con los animales constituía un fenómeno difícil de eludir durante quince  días (el tiempo en que se instalaba el belén). Son varios trabajadores los que recuerdan a la cierva Paquita. “El primer año se comió la mitad de una figura que llevaba un jarrón. Era una cierva que estaba criada con biberón y no tenía miedo al hombre. Si le gustabas bien, y si no te daba una leche…”, indica Ganuza. Emilio, trabajador de Ilanor, la empresa encargada del montaje de luces, tampoco la olvida.  “Tenía una fuerza increíble, se colocaba junto a ti y te tiraba lo que tuvieras en la mano. También era capaz de saltar tres o cuatro metros por encima tuya”, señala Emilio. De ahí que para proteger a las figuras se estableciera un cableado en cada una, pero sin ningún riesgo para los animales, subraya Ganuza.


El ángel, a punto de ser colocado por dos operarios en la Taconera
Otra especie rebelde dentro de la fauna de la Taconera fueron los patos. Los picotazos inesperados eran su arma defensiva frente a ‘los del buzo azul’ y éstos últimos se ayudaban de una cesta para evitar el picotazo. Con el tiempo, cada vez que veían a operarios los patos se iban corriendo. Emilio destaca la estrategia de algunos animales. “En lugar de ir de frente, bordeaban, e iban haciéndose un sitio”, comenta. Aunque había momentos de tregua.  E incluso de encontrar acomodo (cuando llovía los patos se metían en los rincones del portal) o se aposentaban encima de los focos buscando el calor. “Ahora los focos se instalan más altos”, explica Emilio. Aún hoy algunos patos persisten en la búsqueda del mejor foco y, por lo visto, es el ubicado debajo del niño Jesús. Quizá buscando amparo mágico, los ciervos son otra especie que ha hecho migas con las figuras. “Un año vimos que dormían entre las patas de los camellos, a la sombra de los reyes magos”, destaca Víctor Piñeiro, responsable de infraestructuras y equipamientos culturales del Consistorio.

Vandalismo y menos figuras

Los miembros de la Comparsa al cabo de los años dejaron de montar el belén y el Consistorio lo fue adjudicando a diversas empresas. El espacio se redujo drásticamente (pasó de dar la vuelta a ocupar solo el estanque delantero de los patos) y también las luces (antes cada 40 metros se situaba una y los árboles se decoraban con guirnaldas) y las figuras disminuyeron (hoy componen el belén 30). Respecto a estas últimas, Ganuza, quien restaura las figuras cuando se deterioran, afirma que “cada vez se estropean más. Si sigue así, dentro de tres o cuatro años el belén desaparecerá. Hace falta una inyección económica para realzarlo, hay que hacer muchas figuras nuevas”, señala. Coincide con él Enrique Zunzarren, de la empresa adjudicataria para el montaje del belén desde hace cuatro años. “No hay una inversión para mantener las figuras, todos los años habría que comprar dos o retocar el belén para ampliarlo o conseguir atraer a más público”, incide. Sin embargo, Piñeiro considera difícil que en la actual coyuntura económica se aumente el número de figuras.

            El belén también se ha visto perjudicado por el vandalismo. El año pasado un adoquín lanzado desde el muro destrozó la cabeza del dromedario de Melchor. Al menos quince adoquines se encontraron en las cercanías de los dromedarios. Y, hasta la fecha, se han robado cuatro niños Jesús. De ahí que este curso el puente que unía el portal con el jardín se haya eliminado del conjunto.

Varias figuras ubicadas en la esquina izquierda del estanque
Pero, lo innegable, es que el 20 de diciembre, día del montaje, muchas  personas posaron sus manos en la barandilla y observaron satisfechos ‘su’ belén y comentaron la inesperada aparición de la mula y el buey. Y, días antes, fueron varios los que llamaron al 010 preocupados por la tardanza. E incluso hubo quien se acercó  a Piñeiro para pedir explícitamente que Melchor se alejara unos metros más del muro, por si acaso. Lo innegable... es que no puede perderse.

martes, 25 de diciembre de 2012

Un regalo diferente

Patricia Beorlegui

     Hacer un regalo siempre resulta complicado. Las Navidades vuelven a ponernos a prueba nuestra capaz innovadora y la habilidad para acertar con el presente, objetivo que a veces se antoja una hazaña casi imposible. En este contexto, algunas tiendas de Pamplona nos dan la posibilidad de desarrollar nuestra creatividad y crear un obsequio útil, único y, sobre todo, personalizado. Con estos tres ingredientes, ¡complicado no acertar!



     Collares, pulseras, anillos, broches, diademas... Nerea Ozkoidi, de la tienda de complementos Tipi, situada en la Avenida Carlos III, nos muestra una gran variedad de posibilidades y nos enseña, además, cómo hacer un precioso broche en cuatro minutos.



     En RecreArte, local de arte y manualidades, Olga Sarasa nos aporta ideas para realizar con nuestras propias manos e imaginación un regalo personalizado e irrepetible. En este caso, nos enseña cómo decorar una caja de madera con pocos materiales, de manera fácil y efectiva.




     Reyes Gutiérrez, del establecimiento de jabones artesanos Xaboiak, en la tradicional calle pamplonesa Mercaderes, nos descubre el mundo de los jabones, sus olores y aromas, sugiriéndonos productos específicos en función de nuestro destinatario y pequeñas curiosidades para regalar.



     Ana Manzano, de Tishana, en la calle Zapatería, nos adentra en el mundo de los olores y los sabores con una gran variedad de café, té, chocolate y especias, y nos da la posibilidad de componer una cesta de regalo a nuestro gusto y de adquirir objetos curiosos como un original vaso térmico para los amantes del té.






domingo, 23 de diciembre de 2012

Navidades de duchas, maletas con deseos y muñecos de trapo

Katrin Pereda


Vivir la Navidad con otros ojos, sabores y lengua. Tan difícil es que a un pamplonés el Olentzero le sorprenda como que una mujer africana no se vista de gala en Nochevieja. Hoy la tradición cobra protagonismo en Iruña, pero también, distintos ritos se hacen su hueco en Cali, Buenos Aires, Cochabamba, La Paz o Senegal. Ocho testimonios relatan cómo es la Navidad en su país de origen y cómo la viven aquí.
                                                                                     
Fátima Djarra, 44 años, Guinea Bissau
Fátima Djarra, de 44 años, nació en Guinea Bissau, África. Lleva siete años viviendo en España, los últimos cinco en Pamplona. De religión musulmana, Fátima ha vivido la Nochevieja en su país vestida de gala, maquillada y peinada. Como el resto de mujeres. Los hombres van de traje y hay tribus que visten un atuendo especial para la ocasión. La fiesta comienza a la mañana. “La música empieza a sonar en las calles y la gente baila en sus casas o salen en grupos”, explica. Cada país tiene su forma de baile -en Senegal, por ejemplo, se baila balak- y su música tradicional. En Guinea Bissau, el instrumento clásico es la tina: una calabaza metida en un recipiente de agua. “Lo bailan los ancianos y también los niños”, subraya.

 Pero es a medianoche cuando el ritual empieza. “La gente se ducha para ‘sacar’ el año anterior si ha sido malo y para que el que viene empiece bien. Y continúa la fiesta hasta que uno aguante”, resume Fátima. Ella no celebra la Nochebuena -el 25 se dan los juguetes, no hay reyes- y la Nochevieja estará en su casa con su familia (tiene dos hijos, uno de 15 y otro de 6 años). Otros años lo ha festejado con las amigas. Lo que es seguro es que cocinará platos africanos como el funiu, un cereal que acompaña a la carne.

Liliana Burbano, 40 años, Cali
 La Nochebuena sí se celebra en Cali, Colombia. “Los vecinos van de casa en casa a dar la bienvenida al día de Navidad y reparten comida”, afirma Liliana Burbano, de 40 años, quien lleva trece años viviendo en Iruña. Y aunque el 24 se celebra una fiesta, también finaliza otra, la de los novenos. Niños y niñas con tapones de botellas crean una especie de sonajero y van cantando villancicos de pesebre en pesebre. Después, del 25 al 30, se organiza la Feria de Cali que incluye verbenas, desfiles de caballos y cabalgatas. En Nochevieja se construye un muñeco con todos los trapos viejos que hay en las casas, se le coloca un gorro y tabaco y se le apoda con el nombre del vecino o del barrio. Después, “se llena de pólvora y se quema”, explica Liliana. Esta tradición se cumple en todas las ciudades. Liliana, por motivos personales, no celebra la Navidad.

Flora Chaque, 34 años, Cochabamba
 Con diferencia, es la fiesta más multitudinaria de los ocho testimonios. Hablamos de Bolivia, en concreto, de Cochabamba, donde en Nochebuena se congregan entre 200 y 300 personas para comer o cenar. “Nos juntamos las familias del padre y de la madre”, aclara Flora Chaque, de 34 años. A Flora, que reside en Pamplona desde hace diez años con su marido y su hijo, no se le han olvidado las medidas para cocinar. “Se hornean entre 30 y 50 pavos y se meten en el horno en bandejas de diez”, subraya. El pavo se rellena de carne picada de ternera o pollo y cenan en un local en el barrio. Nochevieja es otra historia. Más importante y más festiva. Se cena en un colegio dispuesto para ello y se cocinan gorrines. "La celebración comienza a las 12.00 horas del 31 y finaliza a las 12.00 horas del 1”, sostiene. ¿Cómo se sobrelleva? “Es año nuevo y todos lo aguantan. El secreto es no dormir esa noche”, afirma convencida. Hoy disfrutará de la fiesta con su marido y su hijo. Reconoce que el primer año fue duro, y éste faltarán su madre y sus dos hermanas. Le encanta la cabalgata de Pamplona ya que en Bolivia no existen los Reyes Magos, solo Papá Noel, y le alegra que su txiki piense que sí existen.

Marina Machaca, 51 años, La Paz
 Marina Machaca, de 51 años y quien lleva ocho años viviendo en Pamplona, sostiene que en La Paz, Bolivia, la Navidad es para los niños. Comprar un regalo es fácil gracias a los precios bajos ya que “allí hay de todo, puedes encontrar un juguete por un euro”, explica. También destaca los platos típicos que se elaboran en Nochebuena como la picana: un guisado con diferentes tipos de carne, patatas y choclo (una mazorca de maíz blanca y grande). Los niños comen panettone (pan dulce). Nochevieja se celebra con uvas, fuegos artificiales que se lanzan desde el tejado y la costumbre de coger la maleta y correr. “Se ‘meten’ los deseos que tienes para el año que viene y sales de casa como si fueras a viajar y luego vuelves”, comenta Marina, entre risas. Por último, el 6 de enero se bendice “el niño Jesús en la misa”, indica.

Irene Sotos, 59 años, Buenos Aires
Y de La Paz nos trasladamos a Buenos Aires, Argentina, donde, en opinión de Irene  Sotos, de 59 años, la mayor diferencia respecto a Iruña es el clima. “Es igual que aquí, comemos platos muy fuertes, pero con temperaturas muy altas”, indica esta argentina que cumple diez años de estancia en nuestra ciudad junto a su hijo, de 24 años. Hoy se reunirá con amigos argentinos que "tampoco tienen su familia aquí" y cada uno cocinará un plato. En su caso, lasaña.

Aicha Cisse, 36 años, Kaolack
Aicha Cisse, musulmana de 36 años, lleva uno viviendo en Pamplona. Nació en Kaolack, Senegal. Allí conviven cristianos y musulmanes y mientras los primeros celebran la Nochebuena acudiendo a misa el día 25, en su familia comen pollo y un rico pastel de crema llamado buchuche. Ella prefiere la Nochevieja. En la última noche del año, los musulmanes celebran la fiesta llamada Achura. “Se come carne y fu-fu (salsa de aceite de palma y conbo, una verdura que se prepara con harina y agua). En este caso, el ritual dicta “que los ancianos pasen la noche rezando y los más jóvenes (hasta los 25 años) se disfracen: los chicos se visten de chicas y viceversa. Durante toda la noche van de casa en casa y piden algo de comer y dinero”, afirma.

Mustapha Lbini,de 46 años, Marruecos
  
         Mustapha Lbini, de 46 años, y de Marruecos, lleva 24 años residiendo en España. De religión musulmana, vive la Nochevieja como un día festivo. Mustapha sí celebraba en Marruecos la Fiesta del Cordero (Aid al - Adha), cuando es costumbre sacrificar un cordero por cada familia. Mustapha admite que se ha adaptado a las costumbres de aquí, lo que no significa que "me haya cambiado de religión".Toma las uvas en un bar con amigos o conocidos (su familia está en Marruecos). 


      Dicen que en la cultura de cada pueblo reside lo universal. Comidas y cenas familiares, brindis, platos especiales, bailes y la acogida de un nuevo año con rituales de todo tipo. Uvas, maletas que contienen deseos, duchas, rezos, disfraces y...jarana con los tuyos hasta que el cuerpo aguante. Que la cultura siga siendo universal. 













Saralegitarrak eta Olentzero


Iurre Bidegain



 Urtero, abenduaren 24ean Saralegi familiaren 200 animaliek osatutako talde batek Iruñeko kaleak nagusitzen ditu Olentzerorekin batera. Hain zuzen ere, 50 ardi, 20 ahuntza, 10 asto, 12 behor, 25 antzara, 20 oilo... Ezagutu nahi dituzu? 

...

     Cada 24 de diciembre, una comitiva formada por los 200 animales (50 ovejas, 20 cabras, 10 burros, 12 yeguas, 25 gansos, 20 gallinas, etc) de la familia Saralegi desfila por las calles de Iruña acompañando al Olentzero. ¿Quieres conocerlos?

sábado, 22 de diciembre de 2012

Saralegitarrak eta Olentzero


Patricia Beorlegui     

El rebaño de ovejas, guiados por el perro, espera la llamada de Kristina para entrar al caserío Arro, en Leitza

     Tiene lugar la víspera de Navidad. El Olentzero, provisto de su pipa, su botella de vino y sus animales, abandona las montañas para bajar a Iruña con el saco lleno de regalos y acompañado por su comitiva: gallinas, cabras, cerdos, gansos, ovejas, burros y bueyes.

      Las yeguas son el grupo de animales que 'desfilan' de forma más elegante. “Les pasamos el cepillo a todas”, explica Kristina Saralegi Arrebillaga, leitzarra de 38 años, quien durante años se ha encargado de llevar y cuidar los animales de este tradicional festejo, como anteriormente lo haría su padre, Esteban Saralegi. La joven ganadera, del caserío Arro, vive el 24 de diciembre de forma diferente a quienes están al otro lado de la acera, observando el recorrido, tomando algo y sacando fotos con los más txikis. “Nosotros también lo disfrutamos, lo hacemos con ilusión, pero vamos acompañados de cierta tensión. Me he criado con esto, es algo que siempre he conocido. Para mí, es tradición y obligación: cuando se termina y ves que todo ha salido bien, descansas”, señala la joven.

En la comitiva también desfilan una familia de cerdos
     La comitiva del Olentzero comienza a prepararse meses antes: “Empezamos en agosto, sobre todo con las yeguas, que son las que más trabajo dan junto con alguna cabra. Desde que son pequeñas y en función del peso que pueden llevar, les vamos cargando con troncos y les hacemos andar en diferentes direcciones por unas explanadas que tenemos en el monte para que vayan acostumbrándose. Conforme avanzan les colocamos troncos más grandes y al final un carro. Según su evolución, trabajaremos más o menos días y horas con ellas. Cuando vemos que ya lo hacen bien con el carro es cuando aprueban el examen y están listas para desfilar por Pamplona”, apunta Saralegi. Con todo, la leitzarra recuerda que “son animales y nunca sabes cómo van a reaccionar”, por lo que siempre hay que extremar el cuidado. 

     Quienes menos trabajo acarrean a la hora de prepararles para el gran día son los gansos y las gallinas. “Las gallinas no tienen ningún problema porque van en un carro cerrado y los gansos van sueltos, pero no tienen mayor complicación. Lo malo es que los pobres son los que más sufren aunque no lo parezca, ya que su paso es muy chiquito y tiene que dar cuatro por cada uno que da la persona y al final se cansan”, explica. La vecina de Leitza recuerda un año en el que hicieron el recorrido “especialmente rápido” y un viejo ganso “no nos pudo seguir, se quedaba tres metros atrás, y tuve que meterlo en un carro junto con los niños”.


     El tamaño del carro y los kilos que se pongan en él depende de lo fuerte que esté la yegua.  Un obstáculo grande es que “los carros van demasiados llenos. Aunque a la gente les digas que solo pueden subir diez niños al final meten 20”, subraya. “Al principio del recorrido todo el mundo quiere sacar fotos a sus hijos y hacia el final los carros van completamente vacíos”,  afirma.

Algunos de los 25 gansos en las inmediaciones del caserío
     Para Saralegi lo más duro del desfile es que, tras el esfuerzo invertido, haya quien critique la manera de guiar al ganado o haga caso omiso de las indicaciones. “Tengo a los animales todo el año conmigo, los conozco y sé cómo hay que tratarlos. No me digas que no le dé con la vara al animal cuando tengo que hacerlo. Si te digo que tengas cuidado y que te apartes, que dejes más espacio porque al final te va a pisar o a hacer daño, hazme caso”, explica la ganadera, a quien no le gusta tener que adoptar una postura firme. Durante el recorrido, los animales se cansan y se agobian entre los gritos de unos, las fotos de otros, el hecho de que todo el mundo les quiera tocar y ver de cerca. Los integrantes de la marcha tienen que poner orden para evitar que se desarme la comitiva o ocurra algún incidente, pero para ello necesitan la colaboración de los asistentes, sobre todo de los padres quienes “muchas veces les animan a sus hijos a acercarse al animal o les dicen que acaricien el lomo o que le toquen la oreja o la pata. Luego viene la coz”, apunta Saralegi. Asimismo, “muchas veces ocurre, más de las que se piensa, que un adulto confunde una yegua con una vaca. Hay mucho desconocimiento”, apunta.


El gran día


     Para transportar el ganado desde Leitza hasta Pamplona cuatro camiones alquilados, dos furgonetas y dos remolques. “En número de cabezas, llevamos unas 200. Tenemos de todo: 50 ovejas, 20 cabras, 10 burros, 12 yeguas, 25 gansos, 20 gallinas, etc”, enumera.



Uno de los diez burros de la familia Saralegi, detrás las ovejas
     “Hay que decir que en el pueblo tengo muy buena gente: vecinos, amigos y sobrinos. Solemos ir 25 personas desde Leitza, a los que hay que sumar la organización de Pamplona. Me ayudan a llevar todo y a controlar a los animales por las calles. Cada uno tiene su trabajo: dos llevan cabras, otros dos gansos, con cada yegua va una persona, con los cerdos van dos o tres... cada uno es responsable de su animal”, afirma la joven, que asegura que los tramos más difíciles del recorrido se registran en la calle Chapitela hacia Mercaderes y en la salida de Estafeta.


            “El 24 de diciembre nos levantamos a las 6.00 horas para dar de comer a los animales que tenemos en casa. Luego, voy con Miguel Caballero, una persona que ha metido tanto tiempo como yo con las yeguas, a coger sus cabras. Posteriormente, subimos al monte a por las yeguas. Las gallinas y los gansos están ya guardados en un sitio cerrado desde el día anterior, para evitar problemas de última hora y, para cuando recogemos todos los animales, ya son casi las 12:00 horas. Les pasamos el cepillo a todas las yeguas y les ponemos los cabestros para llevarlas atadas en el camión. Hacia las 13:00 horas vienen los camiones, cargamos y para las dos salimos de Leitza rumbo a Pamplona, donde llegamos hacia las 15:00 o 15:30 horas, habiendo realizado una pausa por el camino. Allí descargamos todo en el patio de la Escuela de Artes y Oficios, lo preparamos y a las 18:00 empezamos el recorrido. Unas dos horas después, volvemos al mismo sitio para desmontar todo y para cargar los animales en los camiones. A las 22:00 llegamos a Leitza y todavía queda descargar los animales”, enuncia Saralegi.


         Cuando el Olentzero comienza ya a asomarse en las casas navarras para dejar los  merecidos regalos o el inesperado carbón, los animales venidos de Leitza descansan tras una ajetreada tarde de alfombra roja y focos mientras sus cuidadores, por fin, pueden celebrar la Nochebuena.



viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Presentimiento, creencias o simplemente azar? - ¿Susmoa, sinesmenak edo soilik zoria?


Katrin Pereda/ Iurre Bidegain







¿En qué nos basamos para elegir el número del décimo de la Lotería de la Navidad?


Fechas de nacimiento, sumas de números, aniversarios especiales o presentimiento. Muchas personas se guían por una sensación y deciden seguir ese sentimiento para elegir un número. Muchas curiosidades o instintos que no se pueden explicar con palabras. Otros se dejan guiar por algo también poderoso, el azar. 
                                                                              ...

Zertan oinarritzen gara Eguberriko Loteriaren zenbakia aukeratzeko?

Urtebetetzeak, jaiotegunak, zenbakien baturak, urteurren bereziak edo susmoa soilik. Jende askok sentsazio horiek jarraitzen dituzte eta kasu batzuetan sentimentu hori segitzea erabakitzen dute Eguberriko loteriaren zenbakia aukeratzeko. Jakin-min asko edo sinpleki hitzekin ulertu ez ditzaketen senak. Beste askok ere zerbait boteretsua jarraitzen dute, zoria. 

Y que Tutatis reparta suerte


Katrin Pereda / Iurre Bidegain


     Fecha capicúa, número sagrado, representante de los signos del zodiaco o iniciador de un nuevo ciclo. Basta teclear el 12-12-12 en Google para conocer las teorías más peculiares respecto a este número. Seleccionamos esta fecha para preguntar a los loteros sobre cómo eligen los pamploneses la combinación de sus números mágicos. Esas cinco cifras que cantadas hoy por un niño/a sí que convertirían el 22-12-2012 en un día sagrado. Por cierto, sí suman los números da 2046. Y si se suman éstos últimos dígitos la cifra resultante es…12.

                     -¿Y qué tal el padre?- pregunta Isabel Echarte, titular de la Administración nº 1                                  de la c/ San Saturnino, a su clienta.
                     - Calla, calla, ¡qué disgusto tenía! Perdió Osasuna - responde ella

     El goteo de vecinos y conocidos que entran al pequeño puesto es continuo y transmite una sensación de auzolan, como si la comunidad de vecinos del Casco Viejo se unieran para invocar a la suerte. Y así parece ser. “El número de la Asociación de Vecinos del Casco Viejo es el 31001, coincide con el código postal del barrio y está agotado desde hace tiempo”, indica. Otra cifra que está vendida desde hace dos semanas es el 13, ese 12+1, sinónimo de mala suerte para algunos. “Te piden que empiece o termine en 13, y también se piden números raros”, comenta al respecto. Al establecimiento se acercan grupos de turistas que piden el mismo número para todos o personas “que este año no van a comprar regalos y a cambio dan un décimo de lotería”, señala. Y no falta quién le han augurado que va a resultar premiado y “ha elegido el número que le han dicho”, explica.

La Administración nº 9 de la Travesía de Bayona
     Echarte ha convivido con la lotería y la suerte desde pequeña. Sus padres trabajaron como loteros (aunque en un principio solo distribuían quinielas) y conoce la sensación que acompaña a los loteros cada 22 de diciembre. Este curso se cumplirán dos siglos de la Lotería de Navidad y ella tiene claro cómo lo vivirá hoy. “Se sigue con emoción, lo veré en la pantalla de la televisión y por la radio”. En su tienda. ¿Y si reparte uno de los premios? “Siempre gusta dar premios, aunque tú no lo recibas”, confiesa. Su madre, Mari Cruz Osacar, interviene: “Son días bonitos para el que vende, ves a la gente ilusionada, hay veces que ha tocado la lotería y el cliente no dice nada. Con el tiempo te enteras porque aquí nos conocemos todos”, indica. Ambas esperan seguir con la racha que empezó repartiendo el segundo premio de la nacional y de la bonoloto. “Igual en la Lotería viene el tercero”, espera Echarte.

     Las 12.00 horas. Diez personas esperan su turno en la Administración nº 6 de la Plaza del Castillo. Un grupo, junto al establecimiento, discute sobre el número y la forma de pago: “Un décimo a medias”, argumenta uno. En este puesto algunos números se eligen en base a “fechas importantes”, subraya Carlos Cortés, lotero del puesto. “El nacimiento del hijo o de la nieta, la boda del año que viene o el cumpleaños del entrenador o de la estrella del equipo preferido”. También entran dentro de la elección las casualidades y los sueños. “Hay gente que llama de Canarias porque soñó que le tocaba la lotería en Pamplona”, afirma Cortés.

Isabel Díaz de Cerio atiende a un cliente en su Administración
     Algo parecido ocurre en el nº 20 de la Plaza del Castillo, donde hay personas de Canarias, Alicante, Almería o Barcelona que se llevan el número desde julio. El año pasado esta administración, regentada por Isabel Ilzarbe e Isabel Díaz de Cerio, otorgó el 62.718, uno de los quintos premios. El mismo número está agotado. “Fue un premio que no solucionó la vida, pero que fue muy repartido y para personas que lo necesitaban”, recuerda Ilzarbe, quien se quedó sin premio. “Asumes que es difícil que te toque, y lo importante es dar algo, tener la ilusión de que puede tocar”. Entre las anécdotas que se suceden, rescata la de un cliente que “pidió el número de kilómetros que separa a Cáceres de un pueblo que se llama El Gordo”. Y entre los dígitos preferidos aparece el 22. “Una persona compró un décimo para que todos sus números sumasen 22”. El 64318. Y, hablando del 22, ¿repetirán las velas verdes que tanta suerte les otorgó el año pasado? “El verde tiende a atraer y nos fue bien, aunque me da igual”, se sincera. Ella apuesta por el 8.

     Para Nuria González, de la Administración nº 9 de la Travesía de Bayona, una regla que se cumple todos los años, también un 12-12-12, es que la gente espera a última hora. “Con prisas y pidiendo números concretos como el 5, el 12 y el 13 o la matrícula del coche”, afirma. Hoy cierran la administración porque el 21 “nos quedamos vendiendo hasta las 00.00 horas”, explica. Para otros loteros, este 22-12-2012 significará su debut en el popular sorteo. Es el caso de Eva Cachairo, del nº 5 de la Avenida de Bayona. Como el resto de administraciones, el nº 13 se ha vendido “desde septiembre” y los número preferidos son “el 7 y el 15”.

     Con un feliz debut o sin él, a buen seguro que los loteros  hoy están muy pendientes de ese sorteo en el que se mezclan miles de números, cifras que esconden supersticiones, fechas, casualidades, sueños, augurios, intuiciones o la distancia que separa Cáceres del pueblo El Gordo. Entre las teorías del 12-12-12 se encontraba la del  asteroide Tutatis “que pasaba muy cerca de la tierra”. Así que hoy, ¡por Tutatis!, guardián y árbitro en la mitología celta, podamos brindar por nuestros décimos. Los últimos sin impuestos.